Cómo rearmonizar una progresión de acordes (sin que pierda el rumbo)

Seguro alguna vez has tocado esta progresión: Cmaj7 – Am7 – Fmaj7 – G7.

Funciona. Es sólida. Por algo hay cientos de canciones construidas sobre ella.

Peeeero llega un momento en que ya no te dice nada. Te aburre.

Y entonces intentas “cambiarle algo para que suene más interesante”… y de pronto la progresión pierde el hilo. Suena a acordes puestos al azar. Esa dirección armónica que tenías, esa sensación de que la música iba hacia algún lado, se te desarma totalmente…

Eso tiene solución, y no es probar más acordes.

Es rearmonizar con criterio.

Hoy te enseñaré un par de enfoques útiles para esto.

También, al final de esta entrada, podrás descargarte un PDF para practicar los ejemplos por tu cuenta, y te haremos una invitación que seguro te va a interesar.


Qué es rearmonizar (y qué no)

La palabra suena a conservatorio, pero la idea es simple: tomar una progresión que ya funciona y hacerla más interesante sin romper su lógica interna.

Ojo con esta última parte: sin romper su lógica interna.

Lo que no es: agregar acordes porque sí. Poner una novena aquí, un disminuido allá, a ver qué pasa. Eso a veces suena bien de casualidad, y ese “de casualidad” es exactamente el problema. No lo puedes repetir, no lo puedes controlar, y cuando falla no sabes por qué.

Rearmonizar bien es entender qué tipo de movimiento estás haciendo y por qué tiene sentido justo en ese punto de la progresión.

El mapa: las cuatro familias

Casi todas las técnicas de rearmonización caben en uno de estos cuatro cajones: tener el mapa en la cabeza vale más que memorizar veinte recursos sueltos.

1. Cambios de color. Añades una séptima, una novena, un add9. Enriqueces el acorde sin cambiar lo que hace dentro de la progresión: su función se mantiene. Aquí también entran los reemplazos por misma función tonal (usar un IIm en lugar de un IV, por ejemplo).

2. Reemplazo directo. Tomas un acorde y lo sustituyes por otro. El efecto es más fuerte cuando el acorde nuevo viene de un intercambio modal, o cuando cumple una función tonal distinta a la del original.

3. Prolongaciones. Dicho en fácil: encajas acordes entremedio, dentro de la duración de una misma armonía. Sales y vuelves al mismo espacio armónico (como una bordadura melódica, pero armónicamente).

4. Interpolaciones. Sirven como punto de conexión entre dos armonías. No reemplazan a nadie: conectan dos acordes que ya existían. Una especie de puente armónico.

En este video trabajamos las dos últimas, prolongaciones e interpolación mediante dominantes secundarios, porque son las que mejor mantienen la direccionalidad original de una progresión.


Dominantes secundarios: la interpolación más útil que existe

Un recordatorio rápido: el dominante es el acorde de mayor tensión hacia la tónica. Es el que “pide” resolver.

Un dominante secundario aplica esa misma lógica a cualquier otro acorde de la tonalidad: le construimos su propio V7. Tratamos ese acorde como si fuera, por un instante, la tónica de su propio pequeño mundo. Y como ese dominante nuevo se encaja entre dos acordes que ya estaban ahí, sin borrar a ninguno, es una interpolación en toda regla.

Ojo con esto, que es donde se cae la mayoría: el dominante secundario tiene que ser siempre acorde de séptima. Sin la séptima no hay tritono, sin tritono no hay tensión, y sin tensión el efecto simplemente no ocurre.

Primero veamos la progresión original:

Aplicado sobre nuestra progresión, el cambio no es cosmético: la música empieza a tirar hacia adelante. Cada acorde ahora anuncia al siguiente.

(recuerda que en el video puedes escuchar cada ejemplo)

Veamos entonces la progresión original aplicando algunos dominantes secundarios:

Desde aquí se puede ir más lejos

Una vez que el dominante secundario te resulta natural, hay tres caminos que salen de él:

  • II-V anticipado. En lugar del dominante secundario suelto, lo precedes con su propio IIm7. Da más espacio y suaviza el giro.
  • VII° como alternativa. El acorde disminuido cumple la misma función que el dominante: más color, la misma dirección.
  • Sustituto de tritono. Reemplazas el dominante por el acorde que está a distancia de tritono. Mismo objetivo, sonido más moderno.

Son el paso siguiente natural. No hace falta que los tengas hoy.

De todos modos te dejo un ejemplo:

Prolongaciones diatónicas: movimiento sin cambiar de sitio

Una prolongación ocurre cuando, dentro del espacio de una misma función armónica, añades movimiento que sale y vuelve. La armonía “grande” no cambia: lo que cambia es lo que pasa adentro.

Piénsalo así: la progresión sigue diciendo lo mismo, pero lo dice con más palabras.

Las reglas de oro son tres, y son cortas:

  • La D prolonga la T
  • La SD prolonga la D
  • La T prolonga la SD

Antes de aplicar nada, hay un paso que no te puedes saltar: analizar la progresión original por funciones. Sin saber qué función cumple cada acorde, no sabes qué puedes prolongar ni con qué. La prolongación no se elige por gusto, se deduce.

Veamos las posibilidades que hay sobre nuestra progresión original:

Y un detalle que cambia la vida: muchas veces el movimiento está en el bajo, no en la armonía completa. No necesitas dominar todas las inversiones para que esto funcione. Escribe el movimiento del bajo, escúchalo, y deja que el oído te guíe. La percepción llega antes que la teoría, siempre.

Apliquemos todas las prolongaciones posibles a nuestro ejemplo:


Ve a tu ritmo

No es necesario que apliques todo esto de una vez. Estas técnicas se incorporan de a una, con el tiempo.

El objetivo no es “saber rearmonizar” como si fuera una habilidad que se adquiere en un video. Es ir reconociendo cada movimiento cuando lo escuchas —en tu música, en la de otros— y que eventualmente esté disponible cuando lo necesites.

Cada cual tiene su ritmo. Si por ahora te quedas solo con los dominantes secundarios, ya diste un paso concreto y real.

Lo que de verdad separa a un arreglador de un decorador

Lo importante no es agregarle acordes a una progresión para que suene sofisticada.

Es que cada movimiento que hagas tenga una razón de ser, y que tú sepas cuál es. Esa conciencia —saber por qué está ahí lo que está ahí— es lo único que separa a alguien que arregla de alguien que adorna.


Descarga los ejemplos del video

Aquí abajo te dejo el PDF con todos los ejemplos que aparecen en el video: la progresión original, la versión con dominantes secundarios, la versión con prolongaciones y los cifrados de cada una, para que los toques y los compares tú mismo.

Compruébalo en tu instrumento. Es la única forma de que esto deje de ser información y pase a ser oficio.

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Para aprender a rearmonizar “en serio”

Esto no se aprende por un video de 20 minutos: por eso tenemos abiertas las inscripciones a nuestro seminario de Rearmonización, donde enseñaremos las técnicas y el criterio para rearmonizar con sentido y dirección, trabajando sobre canciones reales.

Buenas músicas.

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