1. Solo hay un acorde de 7ma dominante en cada tonalidad. Ninguno de los otros acordes dos mayores presentes en una tonalidad (I y IV), contienen una séptima menor. Si les añadimos una 7ma a estos, resultaría ser una 7ma mayor (Si para C, y Mi para F, lo que nos daría acordes maj7).
Como sólo hay un acorde 7ma dominante en cada tonalidad, esto significa que al tocar un G7 (7 siempre implica 7ma menor cuando hablamos de acordes), ya estamos indicando, implicitamente, que estamos en la tonalidad de Do mayor.
Si tocase un D7, como Re sería dominante (V) de Sol, estaría implicando a la tonalidad de Sol mayor, ya que solo en esa tonalidad existe naturalmente D7 (en el siguiente capítulo nos extenderemos a otras tonalidades).
2. Entre la 3ra del acorde (Si) y la 7ma (Fa), se forma el intervalo de 5ta disminuida o tritono.
Es el mismo intervalo que aparecía en el acorde disminuido que vimos unas páginas atrás. Este genera una tensión muy fuerte, que en armonía tradicional se resuelve de la manera que aparece en la imágen: cerrándose en movimiento contrario (Si sube a Do, y Fa baja a Mi).
Como ya dijimos anteriormente, el Dominante, como familia, es una función tensa, que pide resolver hacia la familia tónica.
Aquí es explícito: el Si (3ra de G7) va hacia el Do (tónica de C), y el Fa (7ma de G7), va hacia el Mi (3ra de C). El agregarle la 7ma al acorde acentúa por ende esta función de tensión que ya lleva el Dominante.

En este punto cabe mencionar que ya podemos establecer una relación mas directa entre el acorde V7 y el acorde VIIm(b5): ambos contienen el tritono, la 5ta disminuida.
De hecho, podemos ver la tríada disminuida del VII grado como un V7 incompleto, sin fundamental, y es como se piensa en la práctica común, mas que como un acorde independiente.
El tritono es una disonancia fuerte, que antaño, en la música antigua, no se usaba, ya que es difícil de cantar y es muy disonante.
Cuando se comenzó a usar, se estableció un diálogo mas claro entre la consonancia y la disonancia:
Un acorde dominante, tenso y disonante, que resuelve en un acorde de tónica, consonante y estable en su esencia.
Desde el barroco hasta Wagner, esta será la base de la Tonalidad y la armonía, se expandirá, se extrapola, se juega con las notas ajenas (“cromáticas”) y otros recursos, pero siempre se mantiene esta relación tensión-distensión.
DOMINANTES SECUNDARIOS
Como hay sólo un acorde dominante por tonalidad, si yo quiero enfatizar alguno de los acordes de mi progresión puedo añadir, antes de él, su dominante.
Esta técnica lleva por nombre “dominantes secundarios”.
Por ejemplo, imaginemos que nuestra progresión armónica consta de C – Dm – G – C. Para enfatizar el Dm, podría añadir su dominante (V7) antes de él, que sería A7. Para enfatizar el G, podría añadir su dominante, que sería D7.
El uso de estos acordes necesariamente involucra notas ajenas a la tonalidad, y es por ello que debes tener cuidado.
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